viernes, 17 de julio de 2009

Prólogo

Hace mucho, mucho tiempo, alguien tuvo un sueño muy pequeño en el que nadie se fijaba. Así que estaba indefenso. Su mayor miedo era yacer en el olvido. Por lo que un día, dándole vueltas a esto, se le ocurrió una idea:

- Yo podría hacer que las personas permanezcan en mí… y hacer que ellos construyan mi mundo y me hagan crecer. Me llamaré: Wonderland.

El pequeño sueño, decidido, comenzó a buscar a sus habitantes y así se fue formando poco a poco.

A la primera Alice la marcó con el símbolo del naipe de picas. Esta joven era valiente y fuerte. El sueño, como agradecimiento a su presencia, le obsequió con una brillante espada con la que defenderse. Sin embargo, con el paso del tiempo, esta Alice enloqueció, y sacó a la luz su sádica personalidad. Asesinó a mucha gente, y allá por donde pasaba, sus pisadas dejaban un rastro carmesí. El sueño, al ver en lo que se había convertido su elegida, decidió tomar cartas en el asunto. Encerró a Alice en medio del bosque, y nadie supo si sobrevivió o murió.

El segundo Alice era un noble cuya hermosa voz cautivaba al mundo entero, y Wonderland no fue menos. El sueño le marcó como el diamante, y como regalo a su prodigiosa voz, le dio unas partituras. El joven llenó Wonderland con sus canciones, maravillando a todo el país sin excepciones. Pero al igual que la primera Alice, empezó a enloquecer. Sus letras hablaban de un mundo demente, desagradable y espantosos monstruos. Esas canciones volvieron loca a parte de la población de Wonderland, hasta que un hombre demente le asesinó de un disparo. El cuerpo de este Alice cayó al suelo entre el gentío asustado, y de la herida brotó una hermosa rosa roja, que todo el mundo observó e hizo olvidar el incidente.

La tercera Alice era una niña marcada con el símbolo del trébol. Con el tiempo, la chica creció y su figura se volvió grácil y hermosa. Sedujo a todos los obstáculos de su ambicioso camino, hasta que llegó a convertirse en la reina de aquel extraño país. Sin embargo, y como al resto, esta Alice también sufrió la maldición de la locura. Contagiada por las continuas pesadillas, en su reflejo no veía más que un cuerpo desgastado y deforme, sin rastro de la belleza que un día a todos enamoró. Huyendo de aquella visión, se encerró en el castillo, y su reino, sumido en la miseria sin su reina, la abandonó.

La cuarta Alice eran dos hermanos gemelos, que se adentraron en el sueño por mera curiosidad. A ellos llegó una invitación al castillo en forma de as de corazones y ese símbolo cubrió el dorso de la mano de la obstinada hermana mayor. En su camino al castillo, exploraron todo cuando veían. Tras una puerta, encontraron una espada teñida de rojo que sujetaba una mujer inmóvil, convertida en piedra. Sin reparos, la hermana se la arrebató. Tras otra puerta se escuchaba una suave melodía rodeando a una rosa de azulados pétalos. La hermana la arrancó alegremente. Mientras tanto, el sabio hermano menor se dio cuenta de que él no tenía marca alguna. Con la espada que su hermana consiguió, se adentraron en el castillo, donde fueron bien recibidos y les permitieron explorar lo que quisieran. Sin embargo, el hermano encontró el encierro de la tercera Alice, a la que mató con su espada. Con su sangre, se pintó un corazón en el dorso de su mano, y para velar la muerte de la Alice, le arrojó la rosa azul que su hermana arrancó.

Pero su pecado no fue perdonado, y vagaron por Wonderland para siempre…

El tiempo pasó, y los dos niños crecieron hasta que sus cuerpos se marchitaron y sus vidas se apagaron. Ahora, el sueño está buscando a nuevos habitantes que continúen construyendo su universo…

0 comentarios:

Publicar un comentario

Suscribirse a Enviar comentarios [Atom]

<< Inicio